Historia
Sillas antiguas a través de las épocas
Un recorrido por la evolución de la silla desde el gótico hasta el siglo XX: cómo fechar una silla por sus patas, reconocer estilos y distinguir originales de copias.
Hay un truco que aprendí hace años de un restaurador de Segovia, un tipo que llevaba cuarenta años trabajando con muebles antiguos: «Si quieres saber la edad de una silla, no la mires. Mira sus patas.» Suena simplista, pero tiene toda la razón del mundo. Las patas de una silla son lo que menos se cambia, lo que menos se puede disimular y lo que más fielmente refleja la época en que fue fabricada.
La silla es, probablemente, el mueble más revelador de una civilización. Piénsalo: durante la mayor parte de la historia, sentarse en una silla con respaldo era un privilegio. El resto de los mortales se sentaba en bancos, taburetes o directamente en el suelo. Solo a partir del siglo XVII la silla empieza a democratizarse, y su evolución desde entonces es un espejo perfecto de los cambios en la tecnología, la estética y la vida social.
Del gótico al Renacimiento: sillas que eran tronos
Las sillas medievales que han sobrevivido son escasísimas. Las que se conservan están casi todas en museos —el Metropolitan de Nueva York tiene algunos ejemplos notables en su colección de The Cloisters—. Eran muebles pesados, tallados en roble, con respaldos altos y paneles góticos. No estaban diseñadas para ser cómodas; estaban diseñadas para comunicar autoridad.
Con el Renacimiento llega un cambio fundamental: la silla empieza a pensarse para la vida cotidiana, no solo para la ceremonia. En Italia aparecen la sgabello (silla de tabla, sin brazos) y la silla Savonarola (con estructura de tijera), que es una de las formas más elegantes jamás concebidas. En España, la silla frailera —respaldo y asiento de cuero tensado sobre estructura de nogal— se convierte en el modelo dominante durante los siglos XVI y XVII. He tenido varias fraileras genuinas entre las manos y lo que siempre sorprende es la simplicidad de su construcción: cuatro patas, cuatro travesaños, cuero claveteado. Nada sobra.
Siglo XVII: el barroco y la explosión decorativa
El XVII es el siglo en que la silla se vuelve loca (en el mejor sentido). Las patas torneadas en espiral —las llamadas «patas salomónicas»— aparecen por toda Europa. Los respaldos se hacen más altos, los tapizados más elaborados, las tallas más profundas. En Inglaterra, las sillas del período Restoration (1660-1685) tienen esas patas retorcidas y respaldos con paneles de rejilla de caña que son inconfundibles.
Aquí va una pista que ahorra muchos errores: las patas torneadas del XVII son gruesas y con formas muy pronunciadas —bulbos, discos, espirales bien definidas—. Las imitaciones victorianas del XIX tienden a ser más delgadas, más regulares, menos «carnosas». Es una diferencia sutil pero, una vez que la ves, no se te escapa nunca.
El XVIII: la edad de oro de la silla
Si tuviera que elegir un siglo para las sillas, elegiría el XVIII sin dudarlo. Es cuando coinciden los mejores ebanistas, los mejores diseños y la mayor variedad de estilos. En apenas cien años pasamos de la pata cabriolé con garra y bola (Queen Anne, hacia 1710) a la pata recta acanalada del neoclasicismo (desde 1770). El salto estético es enorme.
- Windsor: una de las formas más icónicas. Asiento de madera maciza (generalmente olmo) con patas y respaldo insertados directamente. Se fabrican desde el XVIII y siguen en producción. Las antiguas se reconocen por el desgaste del asiento y la irregularidad de los torneados.
- Chippendale: el nombre más famoso del mueble inglés. Thomas Chippendale publicó su Gentleman and Cabinet-Maker's Director en 1754, y sus diseños —respaldos calados con motivos de cintas, patas cabriolé con garra— definieron una era. Pero ojo: «Chippendale» se usa hoy como estilo, no como autoría. Las piezas de su taller son rarísimas y carísimas.
- Hitchcock: sillas americanas de la primera mitad del XIX, producidas en serie en la fábrica de Lambert Hitchcock en Connecticut. Pintadas en negro con decoración estarcida dorada. Son las primeras sillas «industriales» de la historia y, paradójicamente, ahora son muy coleccionables.
- Thonet: Michael Thonet revolucionó todo en 1859 con su silla nº 14, la primera silla de madera curvada producida en masa. Se vendieron más de 50 millones de unidades. Las originales llevan etiqueta o marca a fuego «Thonet» bajo el asiento.
Cómo leer las patas: una guía rápida
Esto es lo que deberías recordar cuando mires las patas de una silla:
- Patas rectas y toscas, a menudo octogonales: medieval o Renacimiento temprano.
- Torneadas con formas de bulbo grueso: segunda mitad del XVI, primera del XVII.
- Torneadas en espiral (salomónicas): segundo y tercer cuarto del XVII.
- Cabriolé (curva en S) con garra y bola o pie almohadillado: primera mitad del XVIII.
- Cabriolé más ligera y refinada, sin garra: mediados del XVIII (estilo Chippendale o Louis XV).
- Rectas, cuadradas o cónicas, a veces acanaladas: neoclasicismo, desde 1770.
- Torneadas finas con anillos decorativos: XIX, período victoriano/isabelino.
- Tubulares de metal o formas orgánicas en madera curvada: siglo XX, modernismo.
Esto no es infalible —hay excepciones regionales, piezas provinciales que llegan tarde a los estilos, falsificaciones deliberadas—, pero como primera aproximación funciona sorprendentemente bien.
Originales, copias y el mercado actual
El problema con las sillas antiguas es que son, con diferencia, el mueble más copiado. Una silla se reproduce con relativa facilidad, y durante el XIX y principios del XX hubo una verdadera industria de copias de estilos anteriores. ¿Significa eso que debas evitarlas? En absoluto. Significa que debes saber lo que compras.
Las pistas principales: revisa las uniones (las clavijas de madera irregulares indican antigüedad genuina), mira el desgaste de las patas por abajo (una silla de 200 años tiene las patas desgastadas de forma desigual, porque ningún suelo es perfectamente plano), y observa el interior del bastidor del asiento —la madera sin tratar de una pieza antigua tiene una pátina oscura y seca, completamente diferente a la de una madera nueva teñida.
Una silla antigua auténtica tiene un peso y un equilibrio que las copias rara vez logran replicar. Es algo que se percibe al levantarla: la madera vieja pesa de otra manera, los ensambles distribuyen el peso de forma distinta. Es difícil de describir, pero una vez que lo notas, lo reconoces siempre.
En cuanto a precios: las sillas sueltas son más accesibles que los juegos. Un juego de seis sillas Chippendale del XVIII puede alcanzar los 10.000-30.000 euros en Sotheby's, pero una silla Windsor inglesa del mismo período se puede encontrar entre 300 y 800 euros. Las fraileras españolas del XVII oscilan entre 600 y 2.000 euros dependiendo del estado. Es un mercado con opciones para todos los presupuestos.
Referencias
- Fiell, C., & Fiell, P. (2005). 1000 Chairs. Cologne: Taschen.
- Fiell, C., & Fiell, P. (2017). The Chair: The Definitive History. London: Goodman Fiell.
- Metropolitan Museum of Art. The Collection: Furniture. Consultado en metmuseum.org/art/collection.
- Chippendale, T. (1754). The Gentleman and Cabinet-Maker's Director. London. Edición facsímil: Dover Publications, 1966.
- Ostergaard, D. E. (2006). Bent Wood and Metal Furniture: 1850–1946. New York: American Federation of Arts.
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